¿Cuánto cuesta mi tiempo?

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Tu tiempo es lo más valioso que tienes. ¿Sabes por qué? Porque no sabes cuánto te queda. Estamos ignorantes en ese aspecto. Podemos especular y verlo con la visión más optimista del mundo, sin embargo, estamos a ciegas. Pero esto no es trágico. Sencillamente es. Hemos escuchado tantas veces el consejo de que debemos vivir nuestras vidas como si fuera el último día. Es bastante práctico para recordar vivir con pasión y con alegría. Aún así, viviendo cada día como si fuese el último, no vivimos los días de la misma forma. Es totalmente natural, somos seres humanos. Un día estamos así, y al otro asá.

            Y aterrizando en el plano de lo práctico: ¿Cuánto cuesta mi tiempo? Preguntarás. Si tienes esa duda, quiere decir que quieres saber cuánto cobrar por un trabajo por hora, o que deseas saber cuánto dinero estás perdiendo al invertirlo en cosas no productivas. Lo cierto es que no todas tus horas tienen el mismo valor monetario ni todas son productivas. Si fuera así, entrarías en crisis al saber que dormir 6 u 8 horas al día es una pérdida enorme de dinero. Así que puedes caer en la trampa de comenzar a dormir menos. Sin embargo, eso no te hará ganar más dinero, sólo te hará sentir sueño durante el día. Entonces, ¿cómo determinar el costo de tu tiempo? Tiene que ver más con los resultados.

Vamos a diferenciar 3 conceptos. Primero, es el costo. El costo es el dinero que se requiere para producir un resultado. El segundo, es el precio. Es el valor monetario que recibirás por tu trabajo. El tercero, es el valor. Esto se refiere a lo importante o relevante que es determinada cosa o acción para alguien más, en este caso, tu cliente.

Una vez aclarados estos conceptos, tu tiempo no te cuesta, es el gran regalo de la vida. Sin embargo, puedes ponerle un precio dependiendo del valor que puedas producir en ese tiempo. Entonces, no siempre cobras más entre más tiempo inviertes. A veces cobras más por lograr un resultado en menos tiempo que alguien más. Tal vez encontraste la manera de hacerlo rápido y sin esfuerzo. Podrías vender en un alto precio esa solución, ya que el valor será alto.

Una posible fórmula para determinar el precio que debes recibir por tu tiempo de trabajo es como si se tratara de una carrera de tríos de caballos. Imagina eso, tres caballos son equipo en la carrera, y van amarrados el uno al otro mediante una cuerda. Uno se llama costo, otro se llama precio y otro valor. Si el costo se adelanta demasiado, no es rentable. Si tu precio se dispara muy adelante, el valor percibido puede bajar. Y si el valor se dispara hacia adelante, pero el precio va lento, terminas cobrando poco. El chiste es tener balance.

Pregunta número 1: ¿Qué vas a hacer?

No es lo mismo cobrar por 1 hora de consultoría para resolver un problema muy grande, que 1 hora de lavar un auto. Y no, no tiene nada que ver con tu nivel de preparación. Porque podría lavarme el auto alguien con maestría, y aún así no estaría dispuesto a pagar más de $100 por ello.

Pregunta número 2: ¿Estás preparado para hacerlo?

No por tener más títulos la gente te pagará más en automático. No siempre. Tal vez como empleado en una institución alcances un tabulador mayor. A la mera hora, lo que cuenta es que realmente sepas hacerlo. Con 3 doctorados, pero sin práctica, no funcionas. Tu inversión de tiempo y dinero en educarte sólo son para abrirte puertas y hacer lo que tienes que hacer. Lo positivo, es que si hay algo que no sabes, no puedes, o no quieres hacer, siempre puedes contratar a alguien que lo haga por ti. Sólo incrementa tu cifra de costos por concepto de consultores o colaboradores externos.

Pregunta número 3: ¿Qué tan valioso es para tu cliente y cuánto le urge?

Qué tan valioso es tener esa solución para tu cliente. Y no te fijes en el producto, fíjate en el problema. Si haces páginas de internet, por ejemplo, y te salen muy bonitas pero no estás seguro de qué tantos clientes logras atraer con ellas, no son tan valiosas como las de alguien que tal vez no hace un diseño tan bonito, pero que ha conseguido desarrollar una forma demostrable de captar prospectos o clientes mediante sus desarrollos. Al final, el cliente paga por tener más clientes, no una página de internet que no le da ni un peso. Y finalmente, si todos lo hacen en 1 mes, y tú en 2 semanas, eso aumentará su valor dependiendo de la fecha límite del proyecto. ¿El cliente está desesperado? Todo se puede, pero tiene su precio.

Pregunta número 4: ¿Hay otra cosa que te podría dejar más dinero?

Si 2 actividades te requieren, pero una te rentabiliza más que otra, elije esa. La otra delégala, posponla, o si no se puede nada de lo anterior, abandónala. Elegir es descartar. 

¡Importante!

No determines tus precios dependiendo de lo que tú podrías pagar. Si vendes autos nuevos, pero tú no tienes dinero para comprar uno, eso no significa que el auto pierda su valor. De la misma forma, si vendes un servicio de alto valor cuyo precio puede ser de 1 millón, no tengas miedo de pedirlo sólo porque tú no lo tienes en ese momento.

Otra cosa, debes tener claras tus aspiraciones y argumentos. El valor percibido de tu tiempo aumenta si sabes cuánto quieres ganar y cómo lo justificas de acuerdo al valor que entregas al cliente.

Y si aún así, tienes que ponerle un precio a tu hora de trabajo, piensa en cuánto deseas ingresar al mes. Divídelo entre los días laborables y después entre la cantidad de horas que trabajas normalmente al día.  El resultado que te de, multiplícalo al menos por 3 porque no puedes depender de 1 sólo proyecto para cubrir tus cuentas. Toma en cuenta el tiempo que te tardas en hacer una venta del mismo tamaño o mayor.

Conclusión

Como te darás cuenta, no hay una forma única y definitiva para poner precio a tu hora de trabajo. Aún así, te he dado varias cosas a considerar para colocar un número cuando la ocasión se presente. Y sobre todo, ¡tranquilo!. El tiempo que pasas con tu familia, divirtiéndote, estudiando, leyendo, haciendo deporte, no es una pérdida de dinero. Es sólo tiempo que es productivo desde otra perspectiva no monetaria. Date el permiso de usar tu tiempo como un tesoro flexible, no como un producto empaquetado y de indicaciones precisas. Valora tu tiempo más que a nada en el mundo.